La próxima vez que pienses que tuviste un mal día en el trabajo, recuerda a este tipo…

Rob es un buzo comercial que hace inmersiones de saturación para la empresa Global Divers en Louisiana, USA. Ejecuta reparaciones bajo el agua en plataformas de perforación en mar abierto.

Este es un email que le envió a su hermana. Ella lo reenvió a la estación de radio 103.2 FM en Ft. Wayne, Indiana, que estaba patrocinando un concurso de “la peor experiencia en el trabajo” Léelo, y sabrás por qué ganó.

Hola Sue,

Esta es sólo una nota de tu hermano que habita en las profundidades. La semana pasada tuve un mal día en la oficina. Sé que has estado sintiéndote mal últimamente en tu trabajo, por eso pensé en compartir mi propio dilema contigo para que te des cuenta que tu caso no es tan malo después de todo.

Antes de poder contarte lo que me ocurrió, debo aburrirte con algunos tecnicismos de mi trabajo. Como sabes, mi oficina queda en el fondo del mar. Todos los días voy en traje para la oficina, un wetsuit para ser preciso. En esta época del año, el agua está bastante fría. Por eso, lo que hacemos para mantenernos calientes es lo siguiente: Tenemos un calentador de agua industrial que trabaja con diesel. Esta pieza de equipo de 20 mil dólares succiona agua del mar y la calienta a una temperatura muy agradable. Luego la bombea hacia el buzo por medio de una manguera corriente de jardín, que está unida a la manguera de aire.
Ahora bien, tal como suena es un buen plan, y de hecho la he usado muchas veces sin ninguna queja. Lo que hago, es que cuando llego al fondo a trabajar, tomo la manguera y la introduzco por la parte trasera de mi traje, y éste se irriga completamente con agua tibia. Es como trabajar en un jacuzzi.
Aquel día, todo iba bien hasta que mi trasero empezó a picarme. Desde luego, me rasqué. Esto sólo empeoró las cosas. En unos segundos mi trasero empezó a quemarse. Retiré la manguera de mi espalda, pero ya el daño estaba hecho. En esa agonía me dí cuenta de lo que había pasado.

La máquina de agua caliente succionó una aguamala y la bombeó hacia mi traje. Como no tengo nada de pelos en mi espalda, la aguamala resbaló justamente hacia la abertura de mi trasero. Cuando me rasqué pensando que era una simple molestia, estaba en realidad triturando la aguamala y empujándola hacia adentro.

Le informé la situación a mi supervisor por medio del intercomunicador. Sus instrucciones fueron poco claras, debido a que él y otros cinco buzos reían histéricamente.

No es necesario explicar que aborté la inmersión. Recibí instrucciones de hacer tres agonizantes paradas de descompresión bajo el agua, un total de treinta y cinco minutos antes de poder subir a la superficie para comenzar mi descompresión seca en la cámara.

Cuando alcancé la superficie, no llevaba puesto nada excepto mi casco de bronce. Al salir del agua, el médico, con lágrimas de risa corriendo por su cara, me suministró un tubo de crema y me dijo que me la untara en el trasero tan pronto entrase en la cámara. La crema apagó el fuego, pero no pude ir al baño por dos días, pues mi trasero estaba completamente tapado.

Por eso, la próxima vez que tengas un mal día en el trabajo, piensa que sería peor si tuvieras una aguamala incrustada en el trasero. Ahora, repítete a ti misma, “Amo mi trabajo, amo mi trabajo, amo mi trabajo…”

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