Desde la distancia, la escultura de 10 pies de altura en la entrada del centro de naturaleza de Chula Vista reluce en colores naranja, rojo, amarillo y blanco. Sus ojos realistas miran a través del refugio de fauna nacional de Sweetwater Marsh directamente en el Océano Pacífico. Pero en una inspección cercana, Henry el pez revela lo que realmente es: un enorme montón de basura.

La artista y educadora de Oregón Angela Haseltine Pozzi  creo a henry y a docenas de esculturas en una exposición llamadas “lavando la tierra: plásticos, vida marina & arte” para educar a la gente, especialmente a los niños, sobre los riesgos  que la basura dejan en los océanos y en las playas. De acuerdo a la Administración Nacional Oceánica y atmosférica, tardan unos 20 años en desintegrarse las bolsas de supermercado, 450 años las botellas de plástico y 600 años para las cuerdas de plástico para pescar.

Lavando la tierra: Plásticos, vida marina y arte

Las piezas de arte de Pozzi fueron esculpidas con 7.000 kilos de desechos marinos encontrados en un año. Unos 500 voluntarios limpiaron 60 millas de la costa de Oregón, desde Port Orford a North Bend, recogiendo las botellas de agua, cuerdas de plástico, sandalias, juguetes para Arena, boyas y bolas. Pero como dice Pozzi, “Pudo haber sido en cualquier playa del mundo”.

Para crear el arte, se limpia la basura recogida y se exponen a la lluvia y al sol como parte del proceso. Los escombros son usados como estan, o cortados y luego ensamblados en la escultura. Pozzi diseña las esculturas y hace los rostros, sin embargo los voluntarios: estudiantes y personas de la tercera edad, ayudan a crear el arte.

Ella y los voluntarios construyeron a  Henry, quien Pozzi admite es su favorito, quienes usaron desde piezas de plástico, latas de aluminio, botellas lavaplatos, tapas, boyas y juguetes de plástico.

A la cabeza del centro se encuentra Tula, la tortuga marina, quien aparece en la entrada frontal. Ella está hecha de tapas de latas de basura de color verde. Un marco de una silla, cuerdas sintéticas, mallas, encendedores, tapas de botella y juguetes forman de su verde cuerpo. Una foca de 9 metros de altura llamada Lydia se encuentra en el patio frontal. Sus tristes ojos negros parecen seguir a los visitantes mientras su cuello está enredado en una  malla plástica para representar a “todas los enfrentamientos que los mamíferos marinos tienen que lidiar,” esto según  la información proporcionada por el centro.

Fuente: utsandiego

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